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David Martínez llega a Europa siendo mucho más que “La Joya” de Venezuela

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Yo también puse a David Martínez en un altar antes de tiempo. Como tantos venezolanos, vi su zurda, su técnica y su facilidad para competir contra futbolistas mayores, y me encariñé con la idea de que “La Joya” podía ser ese jugador diferente que ayudara a llevarnos por primera vez a un Mundial. Venezuela le puso un destino cuando todavía era adolescente. LAFC lo fichó con 17 años y le dio un proceso: tiempo para crecer, fortalecerse y responder a nuevas exigencias. Dos años después, ese proceso lo lleva a Europa. 

Con 20 años, fue traspasado por una suma récord cerca de $8.5 millones al FC Midtjylland con un contrato gasta 2031 y rompió el récord histórico de fichajes en la Superliga de Dinamarca.

Un país volvió a reconocerse en una promesa

Quizás porque nuestro presente nunca ha conseguido llevarnos a un Mundial, cada vez que aparece un chamo diferente no esperamos demasiado para adoptarlo. Con David ocurrió muy pronto. “La Joya”, le dijimos, aunque a él nunca le gustó cargar con ese apodo desde tan joven.

No recuerdo exactamente cuándo dejamos de hablar del muchacho de El Tigre y comenzamos a tratarlo como parte del futuro de la Vinotinto.

Quizás fue cuando debutó en la Liga FUTVE con Monagas SC a los 16 años o cuando, con la misma edad, disputó el Sudamericano Sub-20 siendo todavía un Sub-17.

Quizás fue meses después, cuando llevó el dorsal 10, la cinta de capitán y clasificó a Venezuela al Mundial Sub-17 con cuatro goles y tres asistencias en ocho partidos. Pudo ser cuando se convirtió en el venezolano más joven en marcar en la Copa Libertadores. O en el Mundial juvenil de Indonesia, cuando hizo aquel golazo casi desde la mitad de la cancha para presentarse ante el mundo.

Lo cierto es que, cuando llegó el Preolímpico de 2024, ya no estábamos descubriendo a David. Ya lo habíamos bautizado, comparado y colocado en ese lugar que los venezolanos reservamos para el próximo jugador diferente: el que, tal vez, pueda llevarnos por fin a un Mundial.

Para entonces, LAFC ya lo había firmado

Dos años después, su próximo escenario será la UEFA Conference League. Con FC Midtjylland recibirá a Ajax —uno de los clubes que había mostrado interés en él antes de su llegada a Estados Unidos—, Sint-Truidense y Hajduk Split; además, visitará a Pafos, Lincoln Red Imps y Egnatia.

El futuro comienza a parecerse al que imaginamos cuando era adolescente. Pero antes David tuvo que hacer algo que nuestra impaciencia rara vez les concede a las promesas: crecer.

Y lo hizo en MLS.

Ahí creció, y se convirtió en una realidad

Cuando David llegó a Los Ángeles, acababa de cumplir 18 años. En Venezuela ya esperábamos respuestas para la Vinotinto; en LAFC primero debía aprender a vivir solo, fortalecer su cuerpo y ganarse los minutos.

Estaba lejos de El Tigre, de Maturín y de una familia que siempre había permanecido cerca. A los 19 años todavía llamaba a su mamá por videollamada antes de los partidos y reconocía, entre risas, que no sabía cocinar “absolutamente nada”. Comía en el club, pedía comida y aprendía a ser adulto mientras intentaba convertirse en futbolista.

El club angelino conocía muy bien el talento que había fichado. Cerró la operación durante el Preolímpico, justo antes del partido ante Argentina. Aquella noche, según contó John Thorrington, el número de clubes interesados en David se multiplicó.

Eso no significaba que los minutos estuvieran garantizados. En su primera temporada apenas fue titular cuatro veces en fase regular. Tuvo que fortalecer su cuerpo, adaptarse a la intensidad de la liga, presionar, regresar para defender y competir diariamente por un lugar.

Aun así, cada cierto tiempo se escapaba “La Joya”. Marcó cuatro goles en apenas 447 minutos, se convirtió en el segundo goleador más joven de LAFC y anotó durante el camino hacia el título de la U.S. Open Cup.

El año antes del salto europeo

La progresión apareció en 2025. David pasó de 447 a 1,947 minutos, sumó seis goles y seis asistencias en 42 partidos y comenzó a participar en los escenarios más importantes de LAFC. Jugó el Mundial de Clubes y marcó un doblete ante Tigres en Leagues Cup.

En 2026 estableció una nueva marca personal con seis goles en MLS y anotó cuatro más durante el camino hacia las semifinales de la Copa de Campeones de la Concacaf.

Ante Cruz Azul hizo dos. En el segundo recibió en mitad de cancha, superó varios rivales y definió con la zurda. Ya no era solamente el jugador técnico que había salido de El Tigre: ahora también podía resistir, avanzar y ganar duelos físicos.

Marc Dos Santos destacó después una evolución menos vistosa, pero necesaria: “Este año mejoró mucho en el aspecto defensivo. No puedes dar ese salto a Europa si no sabes defender”.

El club de MLS le dió exposición y un proceso de mejora.

El jugador diferente seguía ahí, solo estaba aprendiendo a aparecer de más maneras

Esta vez, David no tuvo que cargar solo con la expectativa. Tenía cerca a Denis Bouanga y Son Heung-min, un entrenador que le encontró una función estable por la derecha y un cuerpo mejor preparado para acompañar su fútbol.

Bouanga lo llamó “un diamante en bruto” antes de la temporada y anticipó que 2026 podía ser su año. Martínez pasó de cuatro titularidades en su primera campaña a iniciar 11 de sus 18 partidos de liga. 

El proceso también estaba en su capacidad para soportar los duelos, regresar con su lateral y entender que ser diferente no lo liberaba de hacer el trabajo de todos los demás.

Europa recibe a otro David Martínez

David llega a Dinamarca después de disputar 96 partidos, marcar 21 goles y dar 10 asistencias con LAFC. También lleva un Mundial de Clubes, partidos ante algunos de los equipos más importantes de Liga MX y unas semifinales de la Copa de Campeones de la Concacaf.

LAFC también había visto lo que vimos nosotros. Cuando el club presentó en 2024 a la generación de The LAFC Kids Are Alright, Thorrington describió a David como un prospecto mundial de altísimo nivel. Su fichaje mediante la Iniciativa Sub-22 era una apuesta por competir con él, desarrollarlo y prepararlo para el siguiente paso.

Dos años después, su despedida completó aquella intención.

“Ha sido un placer formar parte del desarrollo de David y verlo crecer como jugador y como persona”, expresó Thorrington. También recordó que jugar en Europa siempre había sido su sueño y aseguró que Martínez se había ganado la oportunidad de perseguirlo.

La transferencia deja recursos para que LAFC vuelva a invertir, pero la historia no termina solamente en el negocio. El club apostó por un adolescente, tuvo paciencia con sus errores, lo rodeó de figuras y lo acompañó hasta cumplir el sueño que había llevado desde Venezuela.

Quizás los venezolanos no nos equivocamos cuando imaginamos su futuro. Solamente quisimos cobrarlo demasiado pronto.

Venezuela le puso nombre y lo llamó “La Joya”. LAFC le dio tiempo para crecer. El resto del viaje se lo ganó David.

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