De Díaz Arce y Cienfuegos a Nathan Ordaz: el legado cuscatleco no se apaga en MLS

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Cuando MLS apenas comenzaba a escribir su historia, El Salvador ya tenía protagonistas dentro de ella.

Desde Mauricio Cienfuegos, Raúl Díaz Arce y Ronald Cerritos en los primeros años de la liga, hasta Alex Roldán y, ahora, Nathan Ordaz, el fútbol salvadoreño ha estado presente en distintas etapas de nuestra liga.

Son tres décadas de historias que van mucho más allá de una camiseta: jugadores que llegaron para competir, marcaron una época, representaron sus raíces y, sin saberlo, fueron dejando un camino para la siguiente generación.

Esta es la historia de esa herencia cuscatleca en Major League Soccer, y cómo desde siempre La Selecta ha estado presente.

Los primeros capítulos de una historia cuscatleca

La conexión comenzó prácticamente al mismo tiempo que la propia MLS. En 1996, cuando la liga daba sus primeros pasos, dos salvadoreños ya formaban parte de aquella historia inaugural: Cienfuegos, con LA Galaxy, y Díaz Arce, con D.C. United. Su presencia fue especialmente significativa porque llegó en una etapa en la que la liga todavía buscaba consolidarse, atraer nuevas audiencias y definir su identidad deportiva y cultural. Para la comunidad salvadoreña en Estados Unidos, además, su participación ofrecía referentes cercanos en una competencia profesional que comenzaba a ganar visibilidad.

No fueron simples nombres en el plantel. Cienfuegos se convirtió en uno de los rostros de la nueva liga gracias a su creatividad, su capacidad para organizar el juego y su conexión con la comunidad salvadoreña en Estados Unidos. Díaz Arce, por su parte, dejó su sello como goleador y formó parte del equipo que conquistó las dos primeras MLS Cup. Un año después, Ronald Cerritos se sumaría a la historia con San Jose Clash (hoy San Jose Earthquakes), ampliando una presencia salvadoreña que empezaba a ganar protagonismo en una liga que estaba construyendo su propia identidad. En los primeros años, sus actuaciones ayudaron a demostrar que los futbolistas salvadoreños podían competir al más alto nivel de la MLS y convertirse en figuras reconocibles para una afición cada vez más diversa.

Su legado habló con números:

  • Mauricio Cienfuegos disputó 206 partidos, marcó 35 goles y dio 78 asistencias con LA Galaxy. Fue incluido tres veces al XI Ideal de MLS y levantó la MLS Cup en 2002.
  • Raúl Díaz Arce marcó 46 goles en sus dos primeras temporadas con D.C. United. Ganó las dos primeras MLS Cups de la historia y terminó 1996 con 23 goles.
  • Ronald Cerritos fue elegido al Equipo Ideal de MLS en 1997. Lideró a San Jose en anotaciones durante cuatro de sus primeras cinco temporadas y terminó su etapa con el club como su máximo goleador histórico, con 55 goles

Un nuevo reto

Para cuando llegó la siguiente generación, el camino ya estaba trazado. El reto para los jugadores salvadoreños era diferente, la MLS había dejado atrás sus primeros años de incertidumbre y comenzaba a consolidarse como una liga capaz de formar carreras, atraer talento internacional y reunir en sus vestidores a figuras que ya tenían nombre en el fútbol mundial. Ya no era extraño ver campeones del mundo, estrellas sudamericanas o referentes internacionales compartiendo cancha con los cuscatlecos. 

  • Darwin Cerén: llegó a Orlando City desde la etapa del club en USL y fue parte de la transición hacia MLS. En 2015 se convirtió en una de las piezas del primer Orlando en la liga, compartiendo cancha con Kaká, y terminó esa temporada elegido por los aficionados como Latino del Año de MLS, superando en la votación final al propio brasileño. Además, fue elegido por sus compañeros como Jugador del Año de Orlando City. Su carrera continuó con San Jose Earthquakes y Houston Dynamo, convirtiéndolo en uno de los salvadoreños que más tiempo y continuidad han tenido en MLS (8 temporadas 2015-2022) . En 2018, cuando pasó de San Jose a Houston, ya acumulaba 75 partidos de temporada regular y 67 titularidades en la liga. Su recorrido en MLS terminó consolidándolo como un mediocampista de referencia para varias generaciones de la Selecta. Con El Salvador debutó en 2012, alcanzó 58 partidos y tres goles, disputó la Copa Oro de 2015 y participó en las eliminatorias rumbo a Rusia 2018, además de portar el gafete de capitán.
  • Arturo Álvarez: Su historia en MLS comenzó de una manera particular: en 2003, con apenas 17 años firmó un contraro de 
    Project-40, el programa que llevaba directamente al profesionalismo a algunos jóvenes talentos de Estados Unidos, y fue seleccionado por San Jose Earthquakes con el pick 13 del SuperDraft de 2003. Es decir, Álvarez es de los primeros jóvenes con raíces salvadoreñas en desarrollarse en el ecosistema estadounidense.

A partir de ahí construyó una carrera extensa en MLS de 12 temporadas y 237 partidos en temporada regular, pasando por San Jose Earthquakes, FC Dallas, Real Salt Lake, Chicago Fire y Houston Dynamo. En San Jose fue parte del equipo que protagonizó aquella remontada histórica ante New York Red Bulls en los playoffs de 2010. También tuvo etapas en Europa donde permaneció, antes de de regresar a y retirarse en 2018 en MLS, la liga que lo vio nacer como profesional. Con El Salvador disputó 43 partidos y marcó cuatro goles, participando en las Copas Oro de 2011 y 2015, la Copa Centroamericana de 2014 y eliminatorias mundialistas.

Entre La Selecta y el USMNT

Arturo Álvarez marca un punto de inflexión en esta historia. Nacido en Houston y formado futbolísticamente en Estados Unidos, fue de los primeros jugadores de esta nueva generación que, sin haber nacido en El Salvador, eligió representar a El Salvador a nivel mayor. Su historia abrió una nueva vía de conexión: la de futbolistas nacidos en Estados Unidos que encontraron en las raíces de sus familias una razón para vestir el Azul y Blanco.

Con el paso de los años, El Salvador comenzó a mirar cada vez más hacia Norteamérica. La razón era también deportiva: ampliar el universo de futbolistas disponibles para La Selecta, especialmente jugadores formados en Estados Unidos que pudieran aportar experiencia, competencia y nuevas herramientas a una selección que buscaba elevar su nivel. La creciente presencia de salvadoreños en Estados Unidos y el desarrollo de su sistema futbolístico hicieron que ese vínculo cobrara todavía más sentido. Así, la diáspora dejó de ser únicamente una conexión cultural y comenzó a convertirse también en una fuente de talento para la selección.

  • Alex Roldán representa una de las versiones más modernas de esta conexión. Nacido en California, con padre guatemalteco y madre salvadoreña, tenía la posibilidad de representar a Estados Unidos, Guatemala o El Salvador y en 2021 eligió vestir el Azul y Blanco. Con La Selecta disputó 21 partidos entre 2021 y 2026, con dos goles y una asistencia, incluyendo su debut en la Copa Oro de 2021 y 11 partidos de eliminatoria rumbo al Mundial de Qatar 2022. En Seattle, su historia ha sido todavía más extensa: llegó en 2018, se convirtió en titular habitual y fue parte de los equipos que conquistaron la MLS Cup 2019, la Concacaf Champions League 2022 y la Leagues Cup 2025. En 2025 sumó un gol y nueve asistencias en 44 partidos en todas las competiciones y  con los Sounders, tiene contrato extendido hasta 2028-29.

Entre pupusas y recuerdos de los abuelos: el vínculo del presente

La nueva generación continua estrechando los lazos entre La Selecta y MLS, una liga que se ha convertido en un escenario clave para el crecimiento y la consolidación de sus futbolistas. Entre ellos destaca Nathan Ordaz, el delantero oriundo de California y con triple nacionalidad (mexicana, salvadoreña y estadounidense) decidió ponerse la Azul y Blanco de El Salvador, más allá de lo deportivo, porque "tengo mi familia aquí" explicó en 2024 cuando también reconoció que necesitó hablar con su familia antes de tomar la decisión.

Su elección conecta directamente su formación en Estados Unidos con una identidad familiar que siempre estuvo presente: las pupusas de su familia, los recuerdos de sus abuelos y el vínculo con un país que ahora busca representar también dentro de la cancha

  • En MLS: Nathan Ordaz llegó al primer equipo de LAFC después de recorrer prácticamente todo el camino de su academia: LAFC SoCal Youth, LAFC Academy, LAFC 2 y finalmente el primer equipo. Debutó en MLS en 2023 y tuvo su gran salto en 2025, cuando disputó 38 partidos en todas las competiciones, con ocho goles y siete asistencias. En la temporada regular de MLS aportó cinco goles y cinco asistencias en 26 partidos. Ese rendimiento le valió el octavo lugar del ranking 22 Under 22. En 2026, D.C. United apostó por él y ahora representa al equipo de una de las ciudades con más comunidad salvadoreña en todo Estados Unidos
  • Con La Selecta: su historia internacional comenzó antes con las categorías juveniles y llegó a la selección mayor en 2024. Desde entonces ha sumado siete apariciones con El Salvador y fue titular en las siete fechas de las eliminatorias mundialistas en las que participó, acumulando 397 minutos y tres asistencias. En otras palabras, su aporte todavía está comenzando, pero ya dejó de ser únicamente una apuesta a futuro: Ordaz forma parte del presente de La Selecta y continúa desarrollándose semana a semana dentro de MLS.

Detrás de todos los nombres hay una comunidad

Para una comunidad que construyó buena parte de su vida lejos de El Salvador, el fútbol se convirtió en una manera de mantener cerca aquello que habían dejado atrás. La camiseta, las banderas, los acentos en las gradas y las reuniones alrededor de un partido fueron creando algo que iba mucho más allá de los 90 minutos.

La MLS encontró así una conexión especial con una comunidad que ya tenía una profunda cultura futbolera. Y para los salvadoreños en Estados Unidos, la liga ofreció nuevos escenarios para sentirse representados, celebrar a los suyos y compartir esa pasión con las siguientes generaciones. Quizá por eso la historia de los salvadoreños en MLS se siente diferente: porque mientras la liga construía su propia identidad, también se estaba convirtiendo en parte de la historia de una comunidad.

Casi tres décadas después, esa conexión sigue ahí. Solo que ahora los niños que alguna vez miraron a sus referentes desde las gradas también pueden imaginarse dentro de la cancha. Ese es el verdadero legado.

Desde el Mundial '82.

Desde El Salvador, la MLS se percibió de una manera distinta. Ya no era solamente una liga extranjera: también podía mostrar caminos alternativos para el desarrollo del fútbol local. La selección salvadoreña no disputa una Copa del Mundo desde 1982, y cada nuevo proceso hacia el Mundial vuelve a despertar el deseo de competir, recuperar protagonismo y volver a ver al país representado con dignidad en el escenario más importante del fútbol.

En ese contexto, los jugadores salvadoreños que llegaron a la MLS —y también aquellos formados dentro de su entorno— comenzaron a ser observados con especial atención. Ya no se les ve únicamente como futbolistas que habían encontrado una oportunidad en el extranjero, sino como posibles referentes de una manera distinta de entender y desarrollar el juego. Su experiencia en una liga como MLS ofrece ejemplos de preparación, disciplina, organización y competencia que podían resultar valiosos para el fútbol salvadoreño.

Para los jugadores nacidos en Estados Unidos, pero hijos o nietos de salvadoreños, esa conexión tenía además una dimensión personal. Muchos competían en estadios y ciudades vinculados con la historia familiar: lugares donde sus padres o abuelos habían crecido, trabajado o construido una vida. Al entrar en ese entorno, no solo representaban a una generación nacida en Estados Unidos, sino que también se acercaban a la cultura y las comunidades que sus familias habían llevado consigo desde El Salvador.

Casi tres décadas después, aquella conexión sigue creciendo. Lo que comenzó con jugadores que ayudaron a una liga joven a encontrar referentes se convirtió en una relación mucho más profunda entre la MLS, El Salvador y una comunidad que encontró en el fútbol una forma de mantener vivas sus raíces. Y hoy, cuando una nueva generación aparece en sus canchas, la historia ya no se siente como algo del pasado: es una herencia que sigue pasando de una generación a otra.

Porque quizás ese sea el verdadero legado de los salvadoreños en MLS: no solamente los goles, los títulos o las camisetas que vistieron, sino haber demostrado que una historia puede cruzar fronteras.

La generación que alguna vez tuvo varios representantes en MLS se ha reducido a un solo nombre dentro de las convocatorias actuales de La Selecta: Nathan Ordaz. El delantero de D.C United, ya no representa solamente una nueva generación de futbolistas salvadoreños en MLS; también carga con la responsabilidad de mantener vivo un vínculo que comenzó mucho antes de que él llegara a una cancha profesional.

¿Qué tan lejos puede llevar Nathan el legado que otros comenzaron a construir hace casi 30 años? Mientras haya un chico con sangre cuscatleca corriendo en canchas de MLS NEXT Pro en Texas, California o Nueva York, el mandato seguirá vivo y vigente.

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