Nathan Ordaz, la joya de LAFC que contagia de fiebre mundialista a 'la Selecta'

La de Nathan Ordaz y El Salvador es una historia que recién comienza.

En el siempre cambiante mapa del fútbol internacional, las historias de jugadores con múltiples nacionalidades se han convertido en parte del relato habitual. Sin embargo, cada caso conserva un toque único, un ángulo que lo hace especial. Ese es precisamente el caso de Ordaz, el joven delantero de Los Angeles Football Club, que a sus 21 años ha decidido apostar por El Salvador, el país de su madre, con la ambición de escribir un nuevo capítulo en la historia futbolística de “La Selecta”.

Ordaz no es solo otro nombre en la plantilla de LAFC ni un talento juvenil con promesas a futuro. Es un futbolista que, en muy poco tiempo, se ha ganado un lugar en la Major League Soccer, ha sorprendido en torneos internacionales y, sobre todo, ha encendido la esperanza de una afición que sueña con ver nuevamente a su selección en una Copa del Mundo, después de más de cuatro décadas de ausencia.

De Van Nuys al mundo del fútbol

Nathan Ordaz nació en Van Nuys, California, en 2004. Su vida futbolística comenzó, como la de tantos niños angelinos, entre canchas locales y academias juveniles. Hijo de madre salvadoreña y padre mexicano, su identidad deportiva siempre estuvo ligada a tres posibles caminos: Estados Unidos, México o El Salvador.

Su formación inicial se dio en el Real So Cal, uno de los clubes juveniles más reconocidos en el sur de California. Allí demostró rápidamente su capacidad ofensiva, y llamó la atención de reclutadores y entrenadores. En 2018 ingresó a la academia de LAFC, una de las más modernas y estructuradas de la MLS. Desde ese momento, su nombre comenzó a sonar con más fuerza en el radar de selecciones juveniles y medios especializados.

Su evolución fue constante, pero también paciente. Nathan no fue un jugador que se saltara etapas ni que exigiera protagonismo prematuro. Su mentalidad y disciplina lo distinguieron entre compañeros, lo que le permitió ser considerado en diferentes procesos de selecciones juveniles.

La encrucijada de las selecciones

Pocos futbolistas tienen la posibilidad de elegir entre tres selecciones nacionales. Ordaz, sí. Y durante varios años, esa decisión fue una incógnita.

En 2021, defendió los colores de la Sub-19 y Sub-20 de El Salvador, mostrando desde temprano su vínculo emocional con el país de su madre. Sin embargo, en 2022 apareció en la lista preliminar de México para el torneo Sub-20 de Concacaf, una clara muestra de que su talento era seguido de cerca por la Federación Mexicana de Fútbol.

Por otro lado, la selección de Estados Unidos tampoco era ajena a su radar. Como jugador nacido en suelo estadounidense y formado en un club de la MLS, su perfil encajaba en los planes de scouting de U.S. Soccer.

Pero en marzo de 2024 llegó la decisión definitiva: el entonces seleccionador de El Salvador, David Dóniga, lo incluyó en la lista para partidos de Fecha FIFA. Ordaz aceptó, y al disputar minutos oficiales con la selección absoluta selló su compromiso con “La Selecta”, descartando cualquier posibilidad futura de vestir las camisetas de México o Estados Unidos.

No fue una elección sencilla desde lo deportivo: tanto México como Estados Unidos ofrecen estructuras más sólidas, recursos y mayores probabilidades de clasificación mundialista. Sin embargo, Ordaz priorizó la conexión emocional, la oportunidad de trascender y el reto de convertirse en símbolo de un país que ansía regresar a la élite del fútbol internacional.

Un delantero distinto

En el terreno de juego, Nathan Ordaz es un delantero que rompe con varios estereotipos. No se trata de un atacante que dependa exclusivamente de la velocidad o de la potencia física. Su verdadero fuerte radica en su capacidad para madurar las jugadas dentro del colectivo.

Aunque tiene individualidades destacables —regate en corto, movilidad en el área, buen golpeo de balón—, Ordaz se caracteriza por ser un futbolista que piensa en el equipo primero. Su estilo permite que figuras como Denis Bouanga, estrella de ataque de LAFC, brillen aún más.

En 2025, ya consolidado en el primer equipo angelino, sus apariciones tanto por las bandas como en el eje del ataque lo han convertido en una pieza clave para el técnico y en uno de los favoritos de la afición. No es casualidad que junto a David Martínez, joven venezolano también considerado como una ‘joya’ de LAFC, sean vistos como la dupla que marcará el futuro ofensivo del club.

Humildad y madurez, lo que "la Selecta" necesita

Lo más sorprendente de Nathan Ordaz, según coinciden prensa y aficionados salvadoreños, no es únicamente su talento, sino su madurez.

A diferencia de otros jugadores con trayectoria en ligas superiores que han llegado al fútbol centroamericano con aires de estrella, Ordaz se presentó ante la selección sin exigencias. Se puso a las órdenes del cuerpo técnico, primero con Dóniga y luego con Hernán Darío “Bolillo” Gómez, sin reclamar titularidad ni privilegios.

Esa actitud le ha valido el respeto de sus compañeros y del público. En un entorno donde la disciplina y el profesionalismo son tan necesarios como escasos, Ordaz ha traído consigo un aire fresco: representa un nuevo perfil de jugador salvadoreño, nacido y formado fuera del país, con estándares de trabajo propios de la MLS.

Para muchos, encarna el recambio generacional que tanto necesita el fútbol salvadoreño.

Su consagración internacional en la Nations League

El punto de inflexión en la percepción del público llegó durante la Concacaf Nations League 2024-25. Allí, Nathan Ordaz fue nombrado el jugador revelación del torneo, dejando actuaciones que no solo convencieron a los técnicos, sino que enamoraron a la afición.

Su compromiso, despliegue físico y aportes ofensivos lo consolidaron como una de las grandes esperanzas de El Salvador. Desde entonces, las expectativas sobre él no han dejado de crecer.

El legado: Salvadoreños en MLS

La presencia de futbolistas salvadoreños en la MLS tiene un trasfondo histórico importante. Durante los primeros años de la liga, Mauricio Cienfuegos y Raúl Díaz Arce fueron auténticos referentes, ídolos tanto en sus clubes como en la selección. Con el tiempo, nombres como Darwin Cerén, Arturo Álvarez o Andrés Flores mantuvieron esa conexión entre El Salvador y el fútbol estadounidense.

En ese contexto, Nathan Ordaz aparece como la sangre nueva que puede retomar ese legado. Su impacto en LAFC, combinado con su compromiso con “La Selecta”, lo coloca en una posición privilegiada para convertirse en referente tanto en MLS como en Centroamérica.

El sueño mundialista

La última vez que El Salvador disputó una Copa del Mundo fue en España 1982. Antes, había participado en México 1970. Desde entonces, más de 40 años de espera, frustraciones y generaciones de futbolistas que no lograron dar el paso definitivo.

Ordaz lo sabe. Y aunque reconoce que el camino en Concacaf es difícil, también entiende que su generación tiene una oportunidad única: la ampliación del Mundial a 48 selecciones en 2026 incrementa las plazas disponibles para la región, y países como El Salvador pueden soñar con un regreso histórico.

El inicio de las eliminatorias rumbo a 2026 ya mostró el impacto de Nathan en el equipo. En la primera fecha de la tercera y última ronda, fue él quien sirvió la asistencia para que Harold Osorio, mediocampista del Chicago Fire II, marcara el gol del triunfo 1-0 sobre Guatemala como visitante. Ese resultado encendió aún más la ilusión de la hinchada.

Lamentablemente, la joven promesa cuscatleca tuvo que abandonar el terreno de juego al minuto 44 del primer tiempo por una sobrecarga muscular en el partido que El Salvador perdió 1-2 frente a Surinam, correspondiente a la segunda jornada del Grupo A de las Eliminatorias rumbo al Mundial 2026. Su salida encendió todas las alarmas tanto en el Estadio Cuscatlán como en la afición y en su club, LAFC.

Un símbolo en construcción

Lo que hace especial la historia de Nathan Ordaz es que está todavía en proceso de escritura. No se trata de un jugador consagrado que llega al ocaso de su carrera para “devolver” algo a su país, sino de un joven con toda una trayectoria por delante, con hambre y ambición.

En pocos meses, ha pasado de ser una promesa de la academia de LAFC a convertirse en un referente emergente de El Salvador. Su madurez, talento y mentalidad lo colocan en una posición única: puede ser, al mismo tiempo, símbolo de su club en MLS y de su selección en Centroamérica.

El público salvadoreño lo entiende así. Cada vez que pisa el campo, la ilusión se multiplica. Y aunque el camino hacia un Mundial es largo y complicado, contar con un delantero de su perfil es un lujo que la afición salvadoreña no quiere desaprovechar.

Nathan Ordaz es mucho más que un joven talento. Es la representación de un nuevo paradigma para el fútbol salvadoreño, donde jugadores nacidos y formados fuera del país aportan calidad, profesionalismo y mentalidad internacional.

Su elección de vestir la camiseta azul y blanco, pese a tener opciones más “cómodas” o poderosas, lo convierte en un héroe moderno para una afición que sueña con volver a ver a “La Selecta” en un Mundial.

Ya sea como socio de Bouanga en LAFC, con quienes tiene cinco goles y cinco asistencias en 25 partidos en 2025, como jugador revelación en la Concacaf Nations League o como asistente decisivo en las eliminatorias, Ordaz ha demostrado que no es una promesa vacía. Es una realidad que apenas comienza.

El futuro es suyo, y con él, la esperanza de un país entero que lo ha adoptado como su nuevo referente.

El Salvador reanudará su camino en las Eliminatorias Sudamericanas cuando reciba la visita de Panamá y Guatemala el 10 y el 14 de octubre respectivamente, en dos partidos fundamentales para los dirigidos por el 'Bolillo' Gómez.

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