Match Reaction

Brindis y aura para Leo Messi en su inolvidable despedida con Argentina

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Durante 21 años, Messi fue parte de la vida de una generación argentina y de seguidores de La Albiceleste en todo el mundo. Este martes, esa generación lo vio jugar por última vez con la camiseta que probablemente represente su mayor amor futbolístico. El Monumental de Buenos Aires no despidió solamente al capitán: despidió una parte del ser colectivo que encarna la Selección. Y cuando terminó el partido amistoso ante Benín, apareció
"Brindis”, la canción que alguna vez emocionó a Diego Maradona y que ahora acompañó el adiós de Messi. Pero hay una diferencia importante: este no es el final de Messi. Es solo el final de Messi con Argentina.

Ante una multitud que llenó la cancha de River Plate, Lionel Messi jugó su último partido con la Selección Argentina.

La subcampeona del mundo venció 3-0 al seleccionado del país africano, con dos asistencias y un gol de penal del capitán, en el cierre de la Fecha FIFA.

El resultado, sin embargo, fue apenas una parte de la historia.

Porque esta noche no se trataba solamente de ganar.

Se trataba de mirar.

Mirar a Messi entrar al campo junto a sus hijos Thiago, Mateo y Ciro. Mirar a su esposa Antonela Roccuzzo y a su madre Celia Cuccittini desde un palco. Mirar al capitán y al seleccionador Lionel Scaloni visiblemente conmovidos durante el himno nacional antes del partido.

Y mirar a un estadio entero ponerse de pie en el minuto 10 para homenajear a Leo.

El número 10 como ritual

El Monumental había preparado una enorme camiseta argentina con el número 10 en el centro del campo.

A los 10 minutos, el partido se detuvo.

Los hinchas aplaudieron. Los compañeros se acercaron. También los jugadores de Benín. Hubo fuegos artificiales.

El número que durante décadas fue un dorsal, una posición y una responsabilidad se había convertido en algo más.

Un nombre propio.

Messi.

No hacía falta explicar nada más.

El marcador no se movió hasta el segundo tiempo. Y Messi respondió como tantas otras veces.

A los 48 minutos ejecutó un córner desde la izquierda y Nicolás Otamendi, quien también disputaba su despedida, conectó de volea para el 1-0.

A los 61, Messi se combinó con Nico Paz, quien sacó un zurdazo junto al palo derecho para el 2-0.

A los 71 llegó el último.

Penal.

Messi tomó la pelota.

Remate cruzado.

Gol.

El número 126 con Argentina.

El último.

Todavía tuvo dos oportunidades más: una corrida individual que terminó con la pelota contra el palo y un tiro libre en el tiempo adicional que se fue por encima del travesaño.

Como si el fútbol quisiera regalarle una última oportunidad de quedarse un poco más.

Lo que no aparece en las estadísticas

Messi termina su carrera internacional con 208 partidos, 126 goles y 69 asistencias.

Son números históricos.

Pero lo más importante de esta noche no puede medirse.

Está en sus hijos entrando al campo.

En la mirada de su madre.

En el recuerdo de su padre, recientemente fallecido.

En los compañeros que se acercaron a abrazarlo.

En los rivales que también quisieron saludarlo.

En un estadio que durante años pasó de cuestionarlo a adoptarlo.

Y en una frase que Messi dejó después del partido:

“No volver va a ser muy doloroso para mí", dijo en la alocución más extensa, sincera y emocionada de toda su carrera profesional.

Ahí está una de las claves de esta despedida.

Messi no estaba celebrando simplemente el final de una carrera internacional.

También estaba perdiendo algo.

Porque, como explicó, quería seguir allí. Quería jugar para Argentina toda la vida.

“No quiero irme. No quiero dejar la cancha.”

Es una frase pequeña para una carrera gigantesca.

Pero también es una confesión profundamente humana: la dificultad de cerrar una etapa que definió buena parte de una vida.

Una generación también se despidió

Durante la noche, Messi habló de su padre.

Dijo que era lo primero que pensaba en un momento cargado de emociones.

La imagen adquiere todavía más fuerza porque, al mismo tiempo, sus propios hijos estaban allí.

Thiago, Mateo y Ciro.

Tres generaciones condensadas en una misma cancha.

El padre que Messi recordó.

El jugador que Messi fue.

Los hijos que lo miraban.

Y alrededor, una multitud que también había cambiado con él.

Muchos de los que lo vieron debutar eran adolescentes o jóvenes. Ahora tienen hijos propios. Algunos quizá llevaron a sus niños al Monumental.

Eso es lo que realmente significan 21 años.

No solo maduró Messi. Maduramos todos junto a él, siguiéndolo en cada partido.

Un “Brindis” que unió a los dos más grandes 10 de Argentina

Después del pitazo final llegó un increíble show de drones.

Y después apareció Soledad Pastorutti, una de las cantantes folklóricas más grandes y populares de Argentina.

Sonó “Brindis”.

La canción que alguna vez emocionó a Diego Maradona.

Ahora acompañaba a Messi en su momento de salida de La Albiceleste.

Ahí aparece una de las conexiones culturales más fuertes de la noche.

Maradona y Messi no tuvieron la misma historia. No tuvieron la misma personalidad ni atravesaron el mismo fútbol. Pero ambos quedaron ligados a una camiseta, a un número y a una idea de identidad argentina que excede ampliamente el deporte.

“Brindis” funciona como un puente entre esas dos generaciones.

No es solamente una canción de despedida.

Es una canción sobre todo lo que ocurrió antes de la despedida.

Sobre las heridas.

Sobre seguir.

Sobre mirar hacia atrás y reconocer el camino.

Y sobre brindar por lo que todavía viene.

Por eso su presencia resulta tan poderosa.

Porque Messi no se va después de una historia perfecta.

Se va después de una historia completa.

Hubo derrotas.

Hubo críticas.

Hubo finales perdidas.

Hubo momentos en que parecía que la camiseta argentina le pesaba demasiado.

Y hubo un momento en que todo cambió.

Copa América.

Finalissima.

Mundial.

Otra Copa América.

La generación que durante años escuchó que Messi tenía que “ganar algo con Argentina” terminó viéndolo ganar casi todo. Acallando cuestionamientos para siempre.

Su historia con el fútbol sigue

Messi se despidió de la Selección en el momento en que su lugar en la memoria argentina parece más grande que nunca.

Pero no se despidió del fútbol.

Todavía queda otra camiseta.

La rosa y negra de Inter Miami.

Quedan partidos.

Quedan desafíos.

Queda MLS. Queda Concacaf.

Queda una carrera que, aunque ya entró en su tramo final, todavía tiene capítulos por escribir.

Y eso cambia la lectura de esta noche.

No estamos viendo necesariamente al futbolista despedirse del juego.

Estamos viendo a un hombre elegir de qué parte de su carrera quiere despedirse.

Y la respuesta parece clara: de la camiseta que más emociones, sacrificios y responsabilidades acumuló durante más de dos décadas.

Argentina fue el escenario de sus derrotas más dolorosas y de sus triunfos más importantes.

Inter Miami representa otra etapa.

Otro país.

Otra liga.

Otra relación con el fútbol.

Pero también otro desafío: demostrar que todavía hay algo por construir cuando la parte más exigente de su carrera internacional ya quedó atrás.

Messi deja la Selección, pero sigue siendo el número 10 de Las Garzas.

Y mientras Argentina comienza a imaginar una Selección sin él, en Estados Unidos todavía existe una pregunta abierta:

¿Cuánto fútbol le queda a Messi y qué puede hacer todavía con él? Si es por lo que pudimos apreciar en las últimas semanas en nuestra liga, eso es mucho por disfrutar.

Ese es el capítulo que comienza después de esta despedida.

Una forma de irse 'muy Messi'

Hay algo particularmente latinoamericano en esta escena.

El fútbol no se separa fácilmente de la familia, de la memoria, de los padres, de los hijos, de los muertos, de las canciones y de los rituales.

Messi no terminó su carrera internacional con una conferencia de prensa fría ni con una estadística proyectada sobre una pantalla.

Entró con sus hijos.

Recordó a su padre.

Jugó frente a una multitud.

Escuchó el himno.

Fue homenajeado por compañeros y rivales.

Y terminó escuchando cantar a Soledad.

Eso también explica por qué la despedida puede trascender al fútbol.

La historia de Messi con Argentina nunca fue solamente deportiva.

Fue también una historia de pertenencia.

Durante años, una pregunta recorrió su relación con el país: ¿Qué significaba Messi para Argentina y qué significaba Argentina para Messi?

La respuesta llegó con el tiempo.

Para él, vestir esa camiseta era un honor.

Para millones, verlo hacerlo se convirtió en una forma de reconocerse.

Hablemos de fútbol y de símbolos

La despedida también abre una conversación que va más allá de Messi.

¿Qué hace que un futbolista se convierta en símbolo nacional?

¿Son los títulos? ¿Los goles? ¿La cantidad de años? ¿La identificación con una camiseta?

¿O es la capacidad de atravesar con la gente las mismas emociones: caer, volver, perder, insistir y finalmente celebrar?

Messi atravesó todas esas preguntas.

Y ahora aparece una nueva.

¿Qué ocurre cuando el jugador que durante dos décadas fue parte de la identidad de una Selección ya no está?

Argentina tendrá que responderla.

El próximo proceso apunta hacia la Copa América 2028 y el Mundial 2030.

Habrá nuevos jugadores, nuevos líderes y nuevas historias.

Pero durante un tiempo habrá una ausencia imposible de ignorar.

Porque Messi no fue solamente el capitán de una Selección.

Fue el personaje central de una conversación que Argentina mantuvo durante más de dos décadas consigo misma.

¿Qué significa representar al país?

¿Qué esperamos de nuestros ídolos?

¿Cuánto perdonamos?

¿Cuánto exigimos?

¿En qué momento un jugador deja de pertenecerse solamente a sí mismo y pasa a pertenecer también a la memoria colectiva?

Messi atravesó todas esas preguntas.

Y quizás la respuesta llegó de la manera más argentina posible: con una canción.

Con un brindis.

Porque algunas historias no terminan cuando se van sus protagonistas.

Empiezan a contarse de otra manera.

Diego tuvo su época.

Messi tuvo la suya.

Argentina tendrá que encontrar la siguiente.

Y Messi todavía tiene fútbol para jugar.

Su último partido con la Selección terminó.

Su carrera, no.

El Monumental lo despidió cantando su nombre.

Messi, Messi, Messi.

Una última vez.

Aunque, para una generación entera, probablemente nunca sea la última. Pasarán muchos años para que el hincha olvide los años mágicos de Leo vestido de celeste y blanco.

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