En menos de dos años, Mauricio Pochettino consiguió que Estados Unidos mostrara durante el Mundial una identidad reconocible y rasgos muy claros de la escuela sudamericana del argentino. Ahora en su 'fresh start', el camino rumbo a 2030 combinará juventud y experiencia. Integrará a los talentos de 16 y 19 años a los Juegos Olímpicos como un puente a la absoluta. El argentino no tuvo cuatro años para construir la identidad que vimos en 2026, ahora sí tendrá tiempo para convertirla en cultura y abrirle espacio a una nueva generación formada en MLS, criada entre dos culturas y con profundas raíces latinas.
¿Qué pueden aportarle las joyas latinas de la liga al nuevo Estados Unidos de Pochettino?
Una cultura que empieza desde abajo
La identidad que Poch mostró durante su primer tramo tuvo intensidad, personalidad y una manera de competir mucho más cercana al fútbol vivido que al “soccer” de laboratorio. Ahora quiere extender esa mentalidad hacia las categorías juveniles.
“Estamos observando todo. Estamos muy contentos de tener a todos estos jóvenes con potencial”, aseguró Pochettino, quien también cuestionó que algunos clubes intenten proteger a sus adolescentes rechazando convocatorias juveniles para que puedan descansar.
“No puedes descansar a los 17”, lanzó antes de recordar que, cuando tenía esa edad en Newell’s Old Boys, él y sus compañeros podían disputar varios partidos durante un mismo día.
No se trata de copiar literalmente aquella formación argentina, sino de recuperar una idea: que representar al país desde las inferiores debe sentirse como una oportunidad, no como una carga que administrar.
Una selección que también debe ser elegida
El nuevo comienzo tampoco consiste únicamente en ampliar el radar. Pochettino explicó que la Federación mantiene contacto con todos los futbolistas elegibles para más de un país y destacó la importancia de construir una conexión humana con ellos.
El caso más evidente lo mencionó el seleccionador, es Noahkai “Noki” Banks. El defensor germano-estadounidense de FC Augsburg no será considerado mientras decide qué selección quiere representar. Aunque Banks no sea latino, su situación expone el mismo desafío que rodea a varios jóvenes de MLS: tener el pasaporte los hace elegibles, pero sentirse parte puede llevarlos a defenderlo.
Y en la generación latina de MLS, esa decisión ya tiene nombres.
Diego Luna abrió el camino
El mexicoamericano es el ejemplo más avanzado. Nació en California, creció dentro de una familia mexicana y eligió representar a Estados Unidos sin esconder la cultura que lo formó. Ya conoce la absoluta, pero quedó fuera del Mundial 2026 después de haber sido una pieza importante para Pochettino durante el año anterior.
A sus 23 años, el nuevo comienzo también puede convertirse en su segundo comienzo. Luna representa algo que Pochettino necesitará durante los próximos cuatro años: jugadores capaces de defender la camiseta estadounidense sin sentir que para hacerlo deben renunciar a la otra parte de su identidad.
Un luchador que ya sangró por la camiseta: la otra cara de Diego Luna se descubre en la Copa Oro.
Luna no viene solo
Diego Luna abrió el camino, pero no está llamado a recorrerlo solo. Detrás aparece una generación todavía más joven que ya crece dentro de las selecciones estadounidenses sin dejar fuera las raíces familiares que también moldearon su relación con el fútbol.
Cooper Sánchez es uno de los hilos que permite seguirla. El mediocampista de Atlanta United compartió el Mundial Sub-17 de 2025 con Jude Terry y Cavan Sullivan. Un año después avanzó hasta la final del Campeonato Sub-20 de Concacaf junto a Santiago Morales y Rubén Ramos Jr..
Ese recorrido también empieza a hacerse visible cada fin de semana en MLS. Terry, de raíces argentinas y mexicanas, acaba de marcar el gol que encaminó el regreso de LAFC a la victoria después de seis partidos sin ganar.
En ese mismo circuito juvenil aparece Ervin Torres, criado en Laredo, con experiencia en procesos de Estados Unidos y México y cada vez más protagonismo en Austin FC.
Detrás también aparecen futbolistas como el brasileño-estadounidense Pedro Soma, el argentino-estadounidense Máximo Carrizo y Santiago Morales, nacido en Estados Unidos e hijo del exfutbolista argentino Javier Morales.
Sus historias y estilos son distintos, pero comparten algo que puede ser especialmente valioso para Pochettino: fueron desarrollados por el sistema estadounidense mientras crecían conectados con otra cultura futbolística. Entienden el fútbol de academias, estructuras y procesos, pero también el que se aprende en casa, se discute en familia y se vive con una carga emocional muy latina.
Proyecto 2030
La renovación de Pochettino hasta 2030 no sólo aseguró su continuidad al frente de la selección absoluta. U.S. Soccer anunció que el argentino y su cuerpo técnico también asesorarán y apoyarán el desarrollo de toda la ruta de selecciones nacionales: desde las categorías juveniles y la formación de entrenadores hasta la colaboración con las ligas profesionales.
Eso significa que Poch no tendrá que esperar a que estos jugadores estén listos para tocar la puerta de la absoluta. Podrá ayudar a construir el camino que los lleve desde las Sub-17 y Sub-20 hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y, eventualmente, el Mundial de 2030.
MLS ya será fundamental en esa transición. Quince de los 21 jugadores que Estados Unidos llevó al último Campeonato Sub-20 de Concacaf pertenecían a clubes de la liga. La materia prima está apareciendo, ahora el desafío es conectarla con una misma identidad, en la que entran todos ellos a la par de Cavan Sullivan, Adri Mehmeti, Julian Hall o Matthew Dos Santos también.
El Estados Unidos que Poch todavía puede construir
Ahora bien, el argentino no necesita importar una cultura sudamericana: una parte de ella ya está creciendo dentro de las academias de MLS. Su reto será integrarla sin pedirles a estos jóvenes que elijan entre ser estadounidenses o latinos.
El nuevo comienzo no se medirá únicamente por cuántas caras nuevas aparezcan en una convocatoria. También dependerá de si Estados Unidos consigue construir una selección a la que sus talentos binacionales quieran pertenecer.
Si toma ese camino, el próximo USMNT no solo puede ser más joven y competitivo. También puede parecerse mucho más al país que representa.


